Un viaje a Tepoztlán
Una tarde cualquiera aprendi que el tiempo pertenece a la conciencia. Que nuestro cuerpo es solo el habitácuo de bellas experiencias y de bellos pensamientos que confeccionen la vida y la realidad. Si no viéramos como ocurre el tiempo no sabríamos por qué morimos o por qué suceden las cosas. En mí hay una bello intento de entender el tiempo y la existencia.
En Tepoztlán sucedieron muchísimas experiencias hermosas, recuerdo cuando caminamos de noche hacía casa de un amigo, las estrellas brillaban hermosamente y la luna todavía recorría el cielo que nos cobijaba del universo.
La noche es un amigo inolvidable, siempre lleno de misterio, siempre lleno de belleza.
Mi cuerpo todavía anhela regresar al bello pueblo de Tepoztlán y sentir la bella y profunda realidad del cuerpo. Solo la noche, yo y el tiempo, mirando el bello fulgor de las estrellas, la bella y profunda mirada que se dilata y comprende el tiempo, el profundo y bello pensamiento que suscita bellas iluminaciones. Solo la noche y yo.
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