El propio entendimiento
La antesala estaba desierta. Solo ella y yo, y nadie más. Unos besos y muchas palabras que fueron pensamientos que se perdieron en el decirse del universo. Cada palabra fue un pensamiento que ya no recuerdo. Sin embargo, valió la pena. Una morra más a la que se le dilatan las pupilas al voltearme a ver.
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