Para mi amiga Lilia
Te recuerdo andando libre afuera de la entrada principal de la facultad de filosofía y letras. Fue la primera vez que nos vimos, esos día en que todo es luz y las emociones que nacen en los demás son un parapente a millones de cosas. Nos vimos en esa hora en que la luz del sol es bien amarilla, esa hora es mágica para mí. Entre risas, sostuvimos una ligera conversación y entre líneas comprendí que era inevitable platicar entre carcajadas y buenas ideas y al final, un buen recuerdo.
No sé qué fue lo que nos conectó, pero sé que enamorarse es cosa de segundos y los amigos se reconocen siempre, incluso, si no se han visto nunca. Parecía que el universo había hecho ese instante inmaterial, simple substancia divina que viaja por los ojos y que vive en la risa y en las sonrisas.
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